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El estrés como construcción mental

Blog Colección: La Ruta de la Felicidad. Otros artículos.

El estrés es un tema recurrente en mis consultas. Hoy me gustaría compartir un aspecto del estrés que no ha sido muy tomado en cuenta.

Estrés es el estado de tensión física y emocional que una persona experimenta al atravesar por un reto o exigencia; es la reacción del organismo en respuesta a un desafío.

Si bien, es una respuesta natural del cuerpo, no reaccionamos igual a todas las situaciones.

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Clasificación del estrés por el American Institute of Stress (AIS)

¿Sabías que el American Institute of Stress (AIS)[1] define cuatro tipos de estrés?:

Estrés agudo

Este tipo de estrés es aquel que nos ayuda a defendernos cuando nuestro cerebro identifica que estamos en alto riesgo. Nuestro metabolismo tarda alrededor de 90 minutos en regresar a su normalidad después de atravesar la amenaza o el reto.

Estrés crónico

La acumulación de estrés por situaciones del diario vivir, tales como las cuentas por pagar, los hijos, el trabajo, etc. Este tipo de estrés es el que puede ocasionar graves problemas de salud si no se atiende de manera pertinente.

Eustress

Implica estrés causado por situaciones del diario vivir que tienen una connotación positiva, como una boda, un viaje, etc.

Distress o Angustia

Generado por situaciones de la vida cotidiana que tienen connotaciones negativas, tales como divorcio, problemas en el trabajo, enfermedad, etc.

Entonces, en su origen, el estrés puede traer grandes beneficios a nuestra vida diaria, al funcionar como motivador y darnos la energía necesaria para solventar asertivamente el reto en cuestión.

El problema se presenta cuando esta tensión no es manejada de forma adecuada y se vuelve excesiva y prolongada. Se acumula en nuestro interior a tal grado, que nos paraliza, nos colma de preocupación, nos desestabiliza emocionalmente provocando una gran alteración del estado de ánimo y nos limita en nuestras capacidades resolutivas.

El estrés crónico es el responsable de muchas afecciones tanto en nuestra salud física, como emocional.

Encontramos que el estrés crónico es generado, en su mayoría, por nuestros propios pensamientos, más que por las situaciones de vida a resolver; es así que por un lado tenemos el estrés como reacción bioquímica y, por otro lado, el estrés como construcción mental.

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Fundamento filosófico del estrés

Epicteto[2], filósofo estoico griego, afirmaba que el verdadero responsable del generador de alteración, no es la situación por la que atravesamos, sino la percepción que tengamos de ella, pues de dicha percepción dependen las emociones y sentimientos que genere nuestra mente.

Si al enfrentar una situación específica, nuestra mente la percibe y registra como un reto personal, es muy probable que nuestro cuerpo genere estrés positivo, aquél que nos impulsará a encontrar y desarrollar las habilidades y herramientas necesarias para resolverlo.

Por el contrario, si nuestra mente la percibe como una amenaza o un reto muy difícil de superar, es altamente probable que empecemos a experimentar un carrusel de pensamientos negativos acerca de la situación, los cuales provocarán a su vez, emociones negativas, tales como el miedo, la preocupación, inseguridad, ansiedad; todo ello expresado en un alto nivel de estrés.

La situación en sí misma, no es la responsable del estrés, son los pensamientos que surgen a partir de la percepción que tengamos de ella y es ahí donde está la clave para poder controlarlo adecuadamente y no llegue a ser estrés crónico.

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¿Cómo funciona nuestro cerebro en situaciones de estrés?

Las investigaciones de John T Cacioppo[3] demuestran que la mente tiende a la negatividad. La información negativa tiene un mayor impacto cerebral que la información positiva.

Según Hanson[4], esto es debido a un tema evolutivo principalmente; por preservar nuestra especie, es que el cerebro presta mayor atención a los aspectos negativos, con el fin de prevenirnos en caso de riesgo.

Por ello, es que al enfrentar un reto o amenaza, el cerebro tiende a recrear una situación irreal e ilusionaria, maximizando los eventos. Empezamos a tener pensamientos futuristas que, en su mayoría, nos llevan a imaginar situaciones peligrosas y alarmantes.

Esos pensamientos son los que generan las emociones causantes de nuestro nivel de estrés.

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Estrategias para fomentar el bienestar mental frente al estrés

Un primer paso para tener control del estrés, sería empezar a ser conscientes de qué pensamientos son los que estamos formulando; de esta manera, podremos analizar a fondo qué percepción estamos teniendo y, por ende, qué emociones estamos experimentando a partir de ello.

Así estaremos en la posibilidad de descubrir qué pensamientos e ideas son reales y cuáles son irreales, cuáles son aquellos que surgen sólo de meras especulaciones y cuáles son pensamientos que ayuden a atender la situación de manera proactiva y así nos conduzcamos con mayor objetividad.

De esta manera identificaremos qué es lo tangible, lo que en realidad tenemos que resolver, para que con ello sea con lo que lidiemos y dejemos de lado las invenciones mentales.

Por lo general, las cuestiones reales y tangibles, causan mucho menos estrés que todo aquello que inventó nuestra mente reptiliana.

Sé un observador de lo que sucede en tu mente y detecta las emociones que estás experimentando, reconoce cuál es la situación real a resolver y concentra tu energía en atender asertivamente la situación. Detecta los pensamientos negativos y sustitúyelos por positivos, programa tu mente para enfocarse más en lo bueno, fomentando el positivismo, la confianza, la alegría y la certeza.

Solemos estar muy identificados con nuestra mente y por ello, puede resultar un tanto complicado situarnos como observadores de ella; la meditación es una herramienta que auxilia en gran medida en el desarrollo de esta tarea, además de reducir las emociones negativas de manera significativa.

El sistema límbico es el encargado de procesar nuestras emociones y, en especial, la amígdala tiende a codificar nuestras memorias con una carga emocional que suele ser negativa. Por su parte, los lóbulos prefrontales tienen un efecto calmante sobre el sistema límbico. Al meditar, se ejercitan dichos lóbulos, generando un estado de calma y dicha interior.

La práctica de la respiración diafragmática también es una herramienta eficaz que ayuda a reducir los niveles de estrés en el organismo. La respiración en sí, está ligada al estado mental del individuo y es a través de ella que podemos llevarla a estados de relajación profunda.

Está en nuestras manos vivir libres de estrés crónico siendo conscientes de lo que pasa en nuestra mente y, por ende, con nuestras emociones.

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Moni Minor es psicóloga educativa, conferencista, autora de libros y artículos que fomentan el bienestar interior, creadora del círculo de aprendizaje www.shama.com.mx. Si quieres saber más de su experiencia y su propio proceso de transformación, puedes adquirir su libro: “Tiempo de Brillar”.

Referencias

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