Cada paciente que llega a mi consultorio por primera vez, es principalmente porque está experimentando algún tipo de sufrimiento y está en búsqueda de algún método que le ayude a eliminarlo.
¿Cuántos de nosotros quisiéramos que la vida fuera libre de sufrimiento? Podríamos pensar que la felicidad plena es una falacia, pues cuando parece que uno ya hubiera logrado alcanzarla, siempre llega una nueva situación que nos priva de ella.
El sufrimiento ha estado presente en la vida del ser humano desde sus orígenes y, por ello, es un tema ya muy estudiado desde hace ya varios miles de años. Algunos filósofos, así como diversas filosofías de vida han puesto su atención en el orígen del sufrimiento y proponen diversas perspectivas que aún hoy en día nos brindan una luz que ilumina nuestro andar al respecto.
A través del presente artículo, haremos un pequeño recorrido que nos llevará al estudio de algunas filosofías y planteamientos de oriente, mediterráneo y contemporáneo, que hablan al respecto.
De acuerdo al budismo - corriente filosófica y espiritual no teísta de oriente - el sufrimiento existe de manera inequívoca en la vida del ser humano, entendiendo al sufrimiento como algún malestar, inquietud o dolor presente en el diario vivir.
Ya sea que tengamos momentos en donde todo parece marchar perfectamente y de pronto se nos presenta una situación un tanto incómoda o estemos atravesando por situaciones que nos parecen muy difíciles de sortear, para el budismo, ambas generan un cierto grado de sufrimiento o duksha en sánscrito.
“Como humanos, también sufrimos cuando no obtenemos lo que deseamos y cuando no podemos conservar lo que tenemos”. Kalu Rimpoché, Luminous Mind: The Way of the Buddha, traducido al inglés por María Montenegro.[1]
Por naturaleza, el humano tiene muy arraigado en su esencia, el deseo. Desde que nacemos estamos constantemente deseando obtener del mundo exterior aquello que satisface nuestras necesidades en primera instancia y, posteriormente, deseamos mucho más que solo lo que creemos necesitar. Deseamos amor, comida, placer, alegría, bienestar, cosas materiales, personas, experiencias gratificantes y mucho más.
Cuando por alguna razón eso que tanto deseamos no se cumple, no se logra o lo perdemos, sufrimos mucho.
El deseo nos hace creer que aquello deseado es o será la fuente de nuestra felicidad, generando un cierto grado de apego con personas, cosas o situaciones.
De acuerdo a Walter Riso[2], el apego es el principal motivo de sufrimiento en la humanidad. El autor define el apego como un vínculo obsesivo con alguna persona, objeto o idea, fundamentado en las creencias falsas y/o limitantes de que será permanente, que te dará felicidad, que te brindará seguridad total y que le dará algún sentido a tu vida.
De ahí que el apego sea una gran fuente de sufrimiento, pues todo en la vida es impermanente, todo está en constante cambio y el no estar preparados para la pérdida inevitable, genera mucho dolor.
El apego a nuestros deseos y expectativas nos hace sufrir, pues los consideramos como único camino hacia la felicidad y es por esta razón que en algunas ocasiones tendemos a caer en mecanismos de manipulación para lograrlos.
“Hablar de manipulación psicológica o emocional hace referencia a intentar conseguir algo que le beneficia a la persona que manipula a través de métodos poco claros, distorsionando la realidad o explotando a la otra parte que se convierte de manera automática en la víctima, quedando en una clara posición de desigualdad o desequilibrio”[3].
Para lograr nuestro cometido, intentamos controlar la situación y a las personas involucradas, persuadiéndolas para que hagan lo que nosotros queremos de acuerdo a nuestro propio criterio. Pero si dichas personas no actúan de la manera en que esperamos, nos enojamos con ellas y los hacemos responsables de nuestro dolor.
Sin embargo, sufrimos porque nuestras propias expectativas no han sido cumplidas, porque los resultados no son los esperados y nuestro ego se incomoda sobremanera.
Epicteto, filósofo estoico griego, consideraba que el ser humano solo tiene control de aquello que sucede dentro de su mente y alma, por ende, no tiene ningún control en absoluto de todo aquello que sucede en su exterior.
En su Manual escribió al respecto: “Hay ciertas cosas que dependen de nosotros mismos, como nuestros juicios, nuestras tendencias, nuestros deseos y aversiones y, en una palabra, todas nuestras operaciones. Otras hay también que no dependen de nosotros, como el cuerpo, las riquezas, la reputación, el poder; en una palabra, todo aquello que no es de nuestra operación.”[4]
En este sentido, básicamente nada fuera de nosotros está en nuestro control, por lo que esta necesidad de controlar todo y a todos para obtener los resultados deseados, más que beneficiarnos, al final hace todo lo contrario, pues la gran mayoría de las veces no lo lograremos, dejándonos con un gran sentimiento de frustración y dolor.
En realidad, el sufrimiento es un sistema de medición que nos indica cuánto nos hemos alejado del camino correcto; es una herramienta que nos muestra cuán aferrados estamos a un deseo, expectativa o idea y cuánta necesidad de control estamos experimentando para obtener lo que tanto anhelamos.
Cuando sufrimos, podemos ser conscientes de lo que realmente está pasando en nuestro interior y así, develar nuestras verdaderas intenciones ocultas, deseos escondidos y reconocer el verdadero origen del sufrimiento; así estaremos en la posibilidad de eliminarlo de nuestra vida.
Retomando la enseñanza budista, en general existen dos tipos de sufrimiento; “sufrimiento natural” y “sufrimiento causado por uno mismo”.
El primero tiene que ver con el dolor causado por las situaciones inherentes a nuestra condición humana, como las enfermedades, la vejez y la muerte.
El segundo, es un sufrimiento no natural por así decirlo, pues surge principalmente de historias -no reales en su mayoría- que formulamos en nuestra mente a partir de la información guardada en nuestro inconsciente; es un sufrimiento creado principalmente a partir de la interpretación mental que hacemos de las situaciones y acontecimientos diarios.
Desde esta perspectiva, fuera del dolor experimentado por causas naturales, los únicos responsables de nuestro sufrimiento y de su transformación, somos nosotros mismos. Entre más conscientes seamos de ello, más estaremos en la posibilidad de hacer las cosas de manera diferente para obtener resultados diferentes.
Para vivir más libre de sufrimiento por apego y necesidad de control, te comparto algunas pistas que les han funcionado muy bien a mis pacientes.
Saber que el sufrimiento es parte de nuestra condición humana, pero que gran parte de él es creado por nosotros mismos, nos da la oportunidad de disminuir en gran medida las posibilidades de experimentarlo. El poder está dentro de ti.
Moni Minor es psicóloga educativa, conferencista, autora de libros y artículos que fomentan el bienestar interior, creadora del círculo de aprendizaje www.shama.com.mx. Si quieres saber más de su experiencia y su propio proceso de transformación, puedes adquirir su libro: “Tiempo de Brillar”.
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